POV Gianna
Una semana después, todo había pasado.
O al menos, eso era lo que me repetía cada mañana frente al espejo.
El silencio ya no era tan pesado. El dolor ya no era tan agudo. Era como si todo se hubiera enfriado, como si aquello que una vez ardía dentro de mí ahora fuera apenas una brasa escondida entre cenizas.
Aprendí a respirar otra vez.
A levantarme sin pensar en él.
A no mirar el teléfono esperando un mensaje que nunca iba a llegar.
Me obligué a estar bien.
Porque tenía que estarlo.