Punto de vista de Sebastián:
El día comenzó como cualquier otro, lleno de la monotonía de reuniones rutinarias y tareas que parecían extenderse más de lo necesario. Mi paciencia, aunque refinada a lo largo de los años, se estaba agotando mientras navegaba por las interminables discusiones, asintiendo en los momentos apropiados y emitiendo directivas cuando era necesario. Externamente, exudaba una autoridad tranquila, pero mi mente estaba en otra parte, enredada con pensamientos sobre ella.
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