Tras un viaje de media hora, durante el cual me sumí profundamente en el sueño. El automóvil se detiene frente a una imponente casa de dos pisos, enclavada en la tranquilidad fuera de la ciudad. Silvano desciende del coche, rodeándolo para abrirme la puerta y guiarme con él.
—¿Qué impresión te da? —interroga, situándose detrás de mí y envolviéndome en sus brazos —. Era la casa de mi difunta abuela. No venía aquí desde hace mucho tiempo.
—Es hermosa —respondo, barriendo el extenso lugar con mis