Capítulo 40. Mi obsesión
Mia Lennox
Con un gemido llego a mi orgasmo, Dios, lo que hace con su boca es lo más maravilloso de todo, ya tenemos dos mañanas en la que ingreso al baño, Enzo enseguida me sube sobre el lavado y recorre mi sexo con sus labios.
—¿Todo bien, pequeña? —interroga con sus ojos centellando a rojo, suspiro y me siento en el lavado quedando a pocos centímetros de su rostro.
—Esto no va a hacer suficiente por mucho tiempo, —refunfuño.
—Lo sé, —acaricia mi mejilla para luego