Alexandre
Sentado junto a Jaqueline en la mesa del jardín interno, mis ojos seguían discretamente la interacción de Edgar con ella. No sabía con exactitud qué era lo que me incomodaba. Edgar Nolasco, hasta donde yo sabía, era un hombre respetable, discreto y muy distinto de Andrei Varnier. Pero siempre he sido un hombre de instintos, y rara vez me han fallado.
Desde el primer contacto, algo en la forma prolongada en que Edgar miraba a Jaqueline me generaba inquietud. No era una mirada lasciva n