Jaqueline
Gustavo Nolasco se acercó con una ligera curvatura en los labios que insinuaba una media sonrisa cargada de autoconfianza. Su padre se levantó de la silla e indicó con un gesto:
—Este es mi hijo, Gustavo Nolasco. Quiero presentarlo a ustedes.
Gustavo se detuvo al lado de su padre y ofreció una leve sonrisa, más educada que cálida.
—Mucho gusto —dijo, extendiendo primero la mano hacia Alexandre.
—Alexandre Ridell.
Ambos se estrecharon la mano con firmeza.
Los ojos de Gustavo se posaron