Alessio
Llegada la noche, los camorristas comenzaron a gritar frases típicas de: ¡a la cama! Unas que, para mi completa sorpresa, los Yakuza comenzaron a corear en conjunto y para que las cosas terminasen peor, Amaya entró en pánico, por eso la levanté y la llevé a la suite presidencial, ahí la vi ponerse blanca como un papel.
—¿Por qué estás asustada? —le pregunté preocupado.
—Yo… leí algo de una tradición que tienen las mafias italianas —mencionó—. Una que no me gusta nada porque… Porque…