POV: Carttal Azacel
La noche estaba cargada de tensión. El aire olía a pólvora, miedo… y rabia. Mi rabia. Esa que me había mantenido con vida todos estos años. Esa que me trajo hasta aquí, a la maldita finca de Alexander.
No esperé. En cuanto vi a los primeros guardias, apreté el gatillo sin vacilar. Cada disparo era una promesa. Una advertencia. Uno a uno fueron cayendo. Algunos corrieron. Otros intentaron dispararme de vuelta, pero no sabían con quién se estaban metiendo.
—¡BAJEN LAS ARMAS!