UNA NOCHE QUE NUNCA EXISTIÓ
— Me gusta mucho tu tatuaje de manzana —comenté, mirando el tatuaje fallido que intentaba imitar el de Maçãzinha.
— Gracias.
— Solo que no entiendo… cómo tú y mi esposa tienen un tatuaje igual. ¿No es demasiada coincidencia?
Shirley se quedó muda unos segundos, intentando encontrar una respuesta que yo sabía que sería mentira.
— No, claro que no. Creo que Maria Fernanda y yo… tenemos el mismo gusto. Al fin y al cabo, estoy aquí contigo —sonrió, moviéndose en la cama