— Deja de mentir, Aayush —dije—. Sé que somos amigos, pero eso no significa que vaya a aceptar que mientas para librarme de la culpa.
— Fui yo, señor Enzo —Aayush ni siquiera me miró, intentando asumir la culpa.
Enzo, por su parte, me miraba incrédulo. Mientras Aayush intentaba cargar con la culpa por mí, diciendo una verdad en la que yo jamás lo involucraría, Enzo se quitó la chaqueta e intentó ponérmela encima.
— No me toques —grité, haciendo que todos dieran un respingo—. Nunca más me toques