BLANCANIEVES
POV Maria Fernanda
Aún estaba sentada en el suelo, con el rostro apoyado contra la madera de la puerta cuando él se fue. Sentí las lágrimas tibias deslizarse por mis mejillas. Mantener a Enzo alejado era como cortarme las propias venas. Pero necesitaba hacerle entender que debía respetarme y no tratarme como a una prostituta, como a alguien que estaba allí solo para satisfacer sus necesidades sexuales.
Porque, además, no estaría disponible por mucho tiempo. Mi vientre crecería, se