BARRIGUDA
Sus ojitos mostraban miedo. Aunque me dolía lo que Davi estaba haciendo conmigo, sabía que era solo para llamar mi atención. No sabía cuánto duraría esa actitud, pero sí tenía algo claro: no me quedaría en esa casa por mucho tiempo.
Por eso, lo mejor era desapegarme cuanto antes. De Enzo, de Davi, de Aayush… de todos los que habían logrado tocarme en ese lugar.
—Voy a… salir un poco —dije, mirando sus deditos tibios aún rodeando mi mano.
—¿Solo un ratito?
—¿Te… importa? —pregunté, int