AAYUSH II
— ¿Será? — arqueé una ceja.
— Me parece que te gusta.
— No… yo no… de ninguna manera, señora Caliana.
Frunció el ceño y luego se rió:
— No me refería de esa forma, Aayush. Me refiero a gustar… como te gusté yo.
Suspiré, aliviado. Ni yo mismo admitía los sentimientos que empezaban a surgir por Maria Fernanda. Solo faltaba que Caliana descubriera mi secreto en cuestión de minutos.
— ¿Cree que perdimos el control, Aayush?
— El plan era simple: el coche se averiaba accidentalmente, el señ