ANDREA
Subo las escaleras y camino por el pasillo con cautela. Me detengo cuando llego a la puerta de su despacho. Estoy nerviosa, más que la primera vez que lo vi, y no sé si se deba a eso o al hecho de que recibiré un regaño de su parte.
Respiro hondo antes de llamar a la puerta. En cuanto toco la fina madera, alguien del otro lado dice “pase”. Tomo otro último respiro para relajarme y abro la puerta lentamente. Con pasos seguros, camino y entro en la habitación, ni siquiera me molesto en mir