46. Esperaría por ti siempre.
Ella lo tenía loco con cada uno de sus gemidos, de sus gestos, de su entrega, simplemente hermosa e impaciente.
— No me detendré…—murmuró Michael bajando con su boca hasta el monte de Venus de su amante.
Michael no tardó en abrir sus pliegues y probar su sabor.
Deslizando con destreza su lengua sobre su sexo, jugando con su lengua, hasta llegar a su botoncito, el cual tomo entre sus labios, succionándolo de manera suave. Dejando que sus manos vagaran por su cuerpo, hasta llegar a sus senos, ha