—¡Bajen sus armas! —les ordeno a los hombres de Pyotr y como era de esperarse no falta el imbécil que se hace el valiente e intenta repelernos, cayendo muerto al instante cuando mis hombres abren fuego.
—Eres una… maldita bruja —sisea el hombre apretando su pecho y mirando como sus hombres se encuentran de rodillas con los brazos en la nuca, con lo cual es imposible que puedan salvarlo de su inminente destino.
—Recuerde lo que se dice de mí, que solo algunos han sido testigos de mi belleza, per