—¿Q-qué es lo que deseas? —inquiere con la voz entrecortada.
—Ya lo sabes, te pedí las AK-12 que tienes en tu poder y te has negado, tanto así que fuiste tan imbécil como para no responder mis llamadas —expreso molesta.
—¿Por qué deseas esas armas en especial? —inquiere el escurridizo hombre frente a mí.
—Me parece que no tengo por qué darte las razones por las cuales las deseo, confórmate con saber solo lo necesario.
—¿Cuánto estás dispuesta a pagar? —me cuestiona con un brillo de ambición que