Sentí un gran nerviosismo recorrer toda mi columna vertebral y mi pulso se acelero de manera estrepitosa. ¿Acaso escuche bien? ¿El dijo mía?
—¿Q—que d—di—dices?—balbucee librándome de su agarre y encarandolo.
—Eres mía, mía mía de mí—susurro apenas audible en mí oído.
—¿Es una especie de broma?—reí irónica—Porque te juro que estoy muriendo de risa.
—gruño—¿No lo entiendes acaso?—pregunto mas severo.
—¿Esto te divierte?—pregunte cruzando mis brazos bajo mi pecho—Porque sinceramente es muy estú