En la tarde de ese mismo día, Saúl había visto un poco extraña a Nina como si algo malo estuviera pasando con ella que no le quería decir.
Algo que era cierto, sin embargo, era demasiado difícil para esta muchacha decirle la verdad.
—¿Seguro estás bien?—era la tercera vez que le preguntaba este chico, sin tener idea alguna de lo que estaba sucediendo.
—Sí, tranquilo. Solamente no tengo mucha hambre—fue una excusa de Nina mientras que le daba pequeñas vueltas con el tenedor a su almuerzo.
—Es