Sylvia volvió a ir de compras por los pasillos con él.
Cuando llegaron al ascensor, ella quería bajar, pero él la tomó de la mano y subió las escaleras.
—Vamos a un piso más a comprar antes de comer —dijo. Su tono era fuerte y no le dio lugar a que se negara.
Sylvia contuvo su ira. Pensó para sí: “Lo que sea. Ya hemos cubierto dos pisos. ¿Qué es uno más?”.
Tomando el ascensor, pronto llegaron al tercer piso.
Tan pronto como subieron, vieron una espaciosa galería.
Era una galería de a