La ropa de Sylvia estaba empapada.
Hacía tanto frío que su cuerpo se congelaba. Sentía que se desmayaría en cualquier momento.
No obstante, su mente de repente se aclaró y la sensación de congelación de su cuerpo desapareció.
Miró fijamente el brazo levantado de Odell.
Su mano grande y delgada apuntaba hacia ella.
Los ojos de Sylvia se abrieron de par en par.
Una alegría sin precedentes por ser elegida también se apresuró a su cerebro.
Sin embargo, en ese momento, su mano grande de