Caprice tomó el asiento delantero del coche, flanqueada por sus padres, John y Sherry, quienes se acomodaron a cada lado de ella. La disposición, con ella en el centro, evocaba un sentimiento nostálgico de unidad familiar, que la transportaba a la infancia.
Una expresión extraña cruzó su rostro como si no pudiera creer la situación que se estaba desarrollando.
La afectuosa sonrisa de John y el tierno toque de Sherry intentaron tranquilizar a Caprice, quien parecía perpleja por la repentina