John colocó la computadora portátil en su regazo y se puso las gafas, con la mirada aguda y concentrada en la pantalla.
Finalmente, Sherry se permitió relajarse y bajar la guardia.
—Es agradable estar aquí contigo—, admitió, con intenciones inocentes.
La noche ya había avanzado, con el golpeteo rítmico de los dedos de Sherry en el teclado creando un tono fascinante.
—Creo que terminaré la noche—, dijo, cerrando los ojos y pronto quedándose dormida. Mientras dormía, pasó de estar de esp