Sherry lo llamó:
—¡Aclara las cosas a Caprice ahora!
Sin embargo, John no sólo perdió la concentración, sino que también hizo oídos sordos, quedándose allí, completamente inmovilizado.
¡Bastardo!
Caprice lloró incluso más intensamente de lo que Sherry había visto nunca antes. Preocupada por la salud de la niña, Sherry la llevó al sofá y le dio unas suaves palmaditas en la espalda para consolarla.
—Caprice, quiero que escuches con atención. Aunque mamá y papá no vivirán juntos, te pro