—¡Bastardos! ¡Los tres, bastardos! ¡Solo esperad! —Caden exclamó, consumido por la ira.
Aiden intentó apaciguarlo y le advirtió:
—Ya es suficiente; no dejes que te escuchen.
El rostro de Ron se oscureció notablemente cuando preguntó en voz baja:
—¿Has hecho los arreglos?
Aiden sonrió con tristeza y respondió:
—Sí, todo está listo; los humillaremos delante de todos más tarde.
Ron, satisfecho con esta seguridad, sonrió y les dijo a sus hijos:
—Aiden, Caden, solo tenemos que ase