Por lo tanto, resurgió el habitual encanto caballeroso de John.
Miró a Sherry y le ofreció una suave sonrisa.
—Ven aquí; prometo ser amable.
Sherry frunció el ceño y permaneció inmóvil, escéptica ante sus garantías. John, sin decir nada, retrocedió dos pasos.
Aliviada, Sherry comenzó a prepararse para levantarse de la cama cuando John, con las manos a los costados, lanzó una intensa mirada sobre su atractivo rostro y figura. Al darse cuenta de que éste no era un lugar ideal para convers