Odell mantuvo una expresión silenciosa y con los labios fruncidos.
La mente de Sylvia estaba consumida por la ira y su racionalidad hecha añicos. Ella lo confrontó:
—Odell, ¿acabas de llamarme irrazonable por su culpa?
Los labios de Odell permanecieron apretados, pero las venas de su frente comenzaron a hincharse.
Sylvia estalló y gritó:
—¡Di algo! ¿Te has enamorado de ella?
—¡Suficiente! —Odell replicó. Su voz resonó poderosamente, llenando la oficina con la fuerza de un trueno qu