La lluvia había desaparecido de París, dando paso a una mañana luminosa y fresca. Los primeros rayos del sol atravesaban las enormes ventanas de la Mansión Carter, iluminando los jardines cuidadosamente diseñados que rodeaban la propiedad. Las rosas estaban en plena floración y una ligera brisa hacía danzar las hojas de los árboles.
Ava despertó temprano.
Desde que había regresado a casa, había desarrollado una nueva rutina. Ya no se quedaba en la cama esperando que alguien le prestara atención