—Sabías que atacarían.
—Sí.
—Y utilizaste la gala.
—Era la oportunidad perfecta. Aunque no fue fácil, con tus asistentes tuvimos que ser meticulosos para poder penetrar sus avances.
Alexander soltó una pequeña risa incrédula.
—Dios mío, Helen.
Ella levantó una ceja.
—¿Qué?
—Mientras