La puerta de la habitación se cerró suavemente.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Un silencio que duró exactamente hasta que Amelia abrió los ojos.
—¿Abigail?
—¿Sí?
—¿Estás despierta?
—Claro que sí.
Las dos niñas permanecieron acostadas bajo las mantas.
Mirando hacia el techo.
Escuch