Porque ellas estaban ahí.
Felices.
Sonriendo.
Viviendo finalmente la infancia que merecían.
Amelia abrazó nuevamente al cachorro.
—¡Voy a dormir con él!
Alexander arqueó apenas una ceja.
—Eso tendrás que discutirlo con mamá.
Amelia levantó inmediatamente la cabeza hacia el segundo pi