Capítulo 158
El amanecer no llegó para Alexander Lacrontte, al menos no como debía, porque aunque el cielo comenzaba a aclararse en el horizonte, dentro de él todo seguía sumido en una oscuridad densa, pesada, asfixiante. Permanecía en su despacho, sin haber dormido, con el cuerpo rígido y la mente en un estado
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