“Tus palabras tiernas me abruman, Esclava Zorra”. Seguía divirtiéndose.
Vetta se giró hacia la entrada de la cueva, ignorando el golpe en el pecho que le provocó escuchar ese nombre.
“No crees que simplemente puedes irte, ¿cierto?”. Su voz burlona volvió a sonar.
“¡Solo mira mi espalda mientras me largo, monstruo!”. Espetó sin darse la vuelta.
“Necesito tu ayuda”.
Vetta se giró tan rápido que dio una vuelta entera. Respiró hondo dos veces, tratando de calmarse.
Cuando recuperó un poco e