Danika todavía estaba arrodillada, miraba al Rey, su corazón latía en su pecho. Ella no sabe qué esperar.
¿La compartirá o dirigirá su sesión de tortura?
"Levántate y desnúdate, Danika". Ordenó, abriendo un nuevo pergamino.
Chad estaba en la habitación y, por primera vez, Danila no podía captar lo que el hombre estaba pensando o sintiendo. Era algo que temer porque el hombre siempre era como un libro abierto.
Pero ahora, su rostro permanecía tan inexpresivo como el de Lucien. Sus manos e