111. Escape
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Selena
No lo dudé un segundo.
Ya había anochecido cuando salté por la ventana, mi cuerpo cayó con fuerza contra el suelo, rodando un par de veces antes de detenerme. Un ardor punzante recorrió mis brazos y hombro por los raspones, pero no me importó. Me puse de pie en un instante, con la adrenalina bombeando en mis venas.
Me giré para correr, pero en ese preciso momento un Volkswagen amarillo frenó frente a mí, las luces iluminando la oscuridad de la noche.
Eva.
Bajó la ventanilla y me miró