El amanecer se deslizaba suavemente por las ventanas del refugio, iluminando con una tenue luz las paredes desgastadas. Yasmany se despertó con un sobresalto, su cuerpo aún adolorido por las heridas de la última batalla. A su lado, Caroline dormía profundamente, su respiración tranquila por primera vez en días. La angustia que había marcado sus rostros recientemente parecía haberse desvanecido, al menos por el momento.
Con cuidado de no despertarla, Yasmany se levantó y se dirigió hacia la sala