50. Estas en problemas
Para Mía no fue suficiente esa sola cachetada, quería seguir golpeándolo hasta descargar toda la rabia y la impotencia que sentía por dentro, pero sabía que para obtener la venganza que quería, debía ser paciente.
—Te largas de mi oficina —señala la puerta— mientras sigas de idiota, no te atrevas a venir aquí. No te quiero cerca de mí. A partir de ahora, que Peter sea nuestro intermediario.
Gerard la ve con sus ojos inyectados en sangre. Nunca, ninguna mujer se había atrevido a levantarle la ma