46. El ogro
Después de la gala, Gerard se ha encontrado a Mía a cada reunión a la que asiste. Verla desenvolverse de forma natural y simpatizar con los presentes menos con él, es como si no existiera para ella y eso lo pone de un humor de perros.
Abren la puerta de su oficina sacándolo de sus pensamientos, es su padre, últimamente verlo por la empresa no es algo grato, siempre hay una queja, orden o sugerencia que acatar.
—¿A que debo tu presencia? —lo ve impasible, camina hacia él con sus facciones rígid