Intenté decirme a mí misma que aquello no era saludable. Que incluso si Gideon me deseaba, todavía estaba con Fiona, una loba de dieciocho años. Yo no podía ignorar eso.
—Aquí tiene —el lobo me entregó mi trago, sacándome de mi mente—. Que lo disfrute.
—Gracias —le di un sorbo. Tenía la cantidad perfecta de dulce y fuerte, y sabía vagamente a mangos. Le di otro sorbo, luego uno más, y antes de darme cuenta, ya me había terminado la mitad de la bebida.
El lobo debía de haberla preparado muy ca