—Él me dijo que nunca podría amarte. Puede que finja, pero es un mentiroso muy bueno. Cuando te diga cuánto te necesita, cuánto están hechos el uno para el otro, solo ten en cuenta que me dijo esas cosas a mí primero.
—Eres una perra, Dierdra —dije, abriendo la puerta.
—¡Que tengas una buena noche! —respondió ella mientras yo huía hacia el pasillo y unía mis manos temblorosas. Había sido una idea estúpida—. Mañana, la prisionera será asignada a trabajar en los campos —les dije a los dos guerre