Capítulo 235
—Avery —dijo Gideon en voz baja, y a través de nuestro vínculo sentí las ondas de su dolor y frustración—, yo no sabía que eras mi compañera.

—Y eso lo cambia todo, ¿verdad? —le reclamé—. Quizá debiste haberme tratado como si fuera importante todo el tiempo, y así no estarías en este predicamento.

—¡Eras importante! —protestó Gideon—. Pero lo que sentía por ti… —se calló y apretó la boca en una línea firme.

—¡Ajá! ¡Así que sí sentías algo! —exclamé con aire de triunfo.

—¡Por supuesto que sí!
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