Parte 2...
Enzo
Manollo entró en mi oficina, trayendo al muchacho de la piscina, que parecía intimidado. Tal vez Manollo le había dicho algunas reglas y eso lo había puesto nervioso.
— ¿Qué te parece, Manollo?
— Realmente, la loca dejó gente vigilando la casa, Enzo. Pero ya resolví eso – miró al muchacho — Luego puedes ver cómo quedó el trabajo.
— Hiciste bien – apoyé el brazo en la mesa, mirando al muchacho — Y tú, ¿cómo te llamas?
— Miguel, señor – él apretaba la gorra en sus manos.
— Te enca