Narrado por Luisa
Mi voluntad era de correr, de huir bien lejos de él, de toda la tortura dolorosa que estaba por sucederme. Pero no podía.
Las malditas brazaleras y esposas me mantenían inmovilizada en forma de X.
Estaba indefensa ante él y sus deseos sombríos. Pero, ya que no podía escapar de él, que así sea. No lloraría como una niñita desesperada ni suplicaría clemencia de su parte. Entraría en su maldito juego.
Y no sería su sumisa llorona.
— ¿Crees que un látigo de montar es suave? —p