— No va a dar tiempo. — Máximus murmuró nervioso, mirando por el retrovisor. — Si te pasa algo... Jesús... No quiero ni pensarlo.
— Solo concéntrate en conducir. — Le ordené, tratando de poner su foco lejos de pensamientos negativos. — No pasará nada, no mientras pueda evitarlo. — Aseguré. — Tengo que volver a casa, y tú también, Máximus Rossi.
Hice lo posible y lo imposible para contener mi nerviosismo, cogiendo mi arma del bolso para empezar a recargarla apresuradamente.
— ¿Trajiste un arma