Antes de que pudiera hacer cualquier protesta, sentí la vara golpearme de nuevo, casi en el mismo lugar.
— No voy a contar. — Negué entre dientes.
Quemaba, dolía, pero era dolorosamente bueno.
— Di tres. — Pronunció deliberadamente en tono lento, cruel.
Y entonces vino el tercer golpe, tan fuerte y preciso como los anteriores.
No estaba usando toda su fuerza, pero era caliente, caliente como el infierno. Sentía una mezcla entre dolor y placer, una mezcla entre el ardor y un hormigueo cálido en