Le había asegurado a la mia Rosa que no intervendría en ese asunto si ella no me lo pedía, pero joder, estaba siendo difícil controlar mi deseo de matar a ese insecto. El hecho de que pensara que podía actuar como si fuera superior a mi mujer – a mi dama de la mafia – me hacía tener un inmenso deseo de destruirlo hasta que no quedara nada de él más que una cascada mediocre, inútil.
— Dominic. — Luisa llamó mi nombre en tono suave, tratando de desviar mi atención sanguinaria del Esposito despu