Antes de que pudiera buscar algún daño causado en mi mano por mi fuerte puñetazo, Dominic cogió mi mano lastimada cuidadosamente.
— No deberías haberme golpeado, mi ángel. — Dijo analizando mi mano ardida minuciosamente mientras la sostenía en un ligero apretón. — Tal vez puedas haber fracturado un hueso, Luisa. Llamaré al médico della famiglia. — Me dijo mirándome con un destello de preocupación en sus ojos al mirar mi mano ardida ahora enrojecida. Y cielos, eso dolía tanto.
Pero cuando Dom