Pero lo que más ardía y estaba dolorido era mi intimidad y garganta. Me había destrozado.
— Ya veremos, mi ángel. — Fue todo lo que Dominic me respondió, sonriendo maliciosamente.
Abrí los ojos cuando se acercó más a mí. Todo el sueño que antes tenía se fue al ver sus ojos verdes reflejar pura lujuria.
No quería hacerlo de nuevo, ¿verdad?
— Ni se te ocurra hacerlo ahora. — Dije en tono de advertencia por si acaso, fulminándolo con la mirada. — Me has destrozado, Dominic.
Sonrió seductoramente,