Lizandra
La primera vez que vi a Lourdes Heeren no sentí nada hacia la mujer que me presentaban. Nada de nada. Ahora todo era completamente diferente, cuando entró en el restaurante y Heloísa no avisó de su presencia. Mi corazón era enorme dentro de mi pecho, como si no cupiera más. Los latidos eran demasiado rápidos, provocando una sensación de tremendo malestar, pero me mantuve firme en no dejar traslucir todas las emociones que me asolaban en aquel momento.
Esa mujer me ha abandonado durant