Había empezado a llevar una lista.
No en papel, era demasiado controlado para eso, demasiado consciente de la vulnerabilidad específica de la evidencia escrita. La lista vivía en el compartimento particular de su mente donde guardaba las cosas que no eran de acceso para nadie más. Privada. Exacta. Creciente.
La repasaba a veces.
En la frontera la había repasado diecisiete veces.
En la cumbre la había repasado cuatro veces, sentado en la mesa del tratado mientras las delegaciones hacían sus argum